No sé si he sido clara con lo que me pasa: sencillamente, amo tus manos
en el saludo, en la cuchara, entre las llaves, en toda la extensión de mi piel
y hasta en los cordones de las zapatillas, y podría seguir
para ver hasta dónde
tus manos
las que afilan el cuchillo
y juegan con el gato,
tus manos que arrojan piedritas al río
y tiran piedras al represor y
arman un cigarrillo tras otro
esas, tus manos, las que yo amo, las dos
puestas en el volante, como aconsejaba un corredor de autos cuyo nombre no recuerdo
ni me interesa recordar, esas son historias de tu boca, no de tus manos,
que acomodan la pava en el fuego
que corren la cortina para sacarnos la ropa
que se duermen en el teléfono
tus manos y la madera
tus manos en el lápiz anotando los centímetros,
construyendo una mesa
tus manos y el martillo
tus manos y las ramas, la leña, tus manos donde caben todos los incendios,
y también tus manos enfundadas
en guantes de goma para limpiar el baño,
y también tus manos de 1986, escribiendo en cursiva la dedicatoria de un libro:
“muchas felicidades, querida mamá. Anoche me saqué un diente”.
tus manos
que tanto me gustan
desnudas y bailando debajo del agua
poniendo el pan de tierra en la maceta
tus manos seguras y llenas de pajaritos
que se quedan como si tus manos fueran nido.
Cierro los ojos y las veo con el cubilete tirando los dados,
teniendo mala y buena suerte, cortando el mazo,
repartiendo cartas y repartiendo vino, tus manos soñando
con volver
a tirarle el palo al perro
que ya se ha ido, y sin embargo, tus manos guardan
la rutina del paseo,
la suavidad del pelo del perro,
tus manos alegres en las castañuelas,
y también en mi boca creando
la fantasía. Por eso mi pasión,
mi brutalidad, mi lengua,
mis canciones, mis sonrisas, estos versos, en fin
todo te lo entrego, todo
está en tus manos.
NO ESTÁ EN MIS MANOS
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